domingo, 23 de abril de 2017

Y me encanta...

Y me encanta cuando me descubres mirándote, y me sonríes con todos los dientes, y te brillan los ojos enormes que tienes… y me encanta cuando me saludas con un abrazo, y te doy un beso en la mejilla, esa mejilla con barba que tienes… y me encanta saber que existes, que estás ocupando un lugar en el mundo, en mi mundo… y me encanta encontrarte de casualidad en las esquinas, en las calles y en mi vieja casa, recorriendo los cuartos dejando tu aroma… y me encanta que me hagas caras, esos gestos minúsculos que tienes, y que yo intento leer cuando te miro… y me encanta saber que amas a alguien, aunque ese alguien no sea yo… y me encanta, aunque no lo creas, saber que nunca, aunque yo lo quiera, seré ese alguien… triste destino de mi ser masoquista…

martes, 31 de enero de 2017

No te puedo ver

No te puedo ver, y aun cerrando los ojos te veo, luminoso y transparente como las medusas, tal vez eso eres, una enorme medusa que flota en el aire, y como las medusas tocarte es imposible, porque te escurres entre los dedos sin apenas rozarte… No te puedo ver, y aún entre las caras de desconocidos te veo, formándote con los fragmentos de esos seres anónimos, los ojos de uno, las cejas de otro, la nariz y los labios de caras que no son la tuya… No te puedo ver, y en mis sueños te confundes con las nubes, los campos y las montañas, como los paisajes que recorro para perderme sin perderme en mi ciudad, por caminos pedregosos que no me llevan a ninguna parte y sin embargo me llevan siempre de regreso… No te puedo ver, y en la oscuridad se forman sombras que me recuerdan la tuya, sombras salidas de películas expresionistas, de esas donde las sombras se alargan en perspectivas imposibles, como reflejos de realidades que no existen… No te puedo ver, porque cuando te veo revivo una y otra vez los adioses que nunca te digo, porque verte es comenzar de nuevo, como la serpiente que se muerde la cola… como los sueños donde abres una puerta que te lleva al mismo cuarto, para comenzar de nuevo, una y otra vez, como estas cartas que siempre son la misma carta… No te puedo ver, y sin embargo con mi imaginación te reconstruyo, y recorro con mis ojos tu geografía abrupta y seca, a veces acuosa y húmeda, como los paisajes de los reinos perdidos de los libros de aventuras, te recorro con mis ojos, como un niño en una pastelería, llena de dulces y golosinas, como una gran golosina te conviertes en un ser inabarcable con la mirada y recurro al recuerdo, donde te armo como un rompecabezas de mil piezas, y aunque lo intento no termino de armarte porque las piezas se confunden de nuevo… No te puedo ver y cuando por fin te veo, todo mi cuerpo se convierte en ojos que quieren apresar en sus retinas cada parte de ti, como un paisaje infinito de bosques, de mares de colores, como mi desierto privado de sueños rotos… No te puedo ver, y sin embargo te veo...

lunes, 31 de octubre de 2016

Puntos suspensivos

Palabras al aire de nuevo, llenando vacíos que llena el aire, aire que nos llena como inmateriales y poderosas medusas, esos seres transparentes que nadan impulsando sus tentáculos casi invisibles, como yo cuando te veo, casi invisible y etéreo, como las finas alas de las mariposas, que se tocan y se deshacen en tus dedos, dedos largos y sinuosos, longevos e infantiles, casi mecánicos, como torpes extensiones de metal, de esos robots que sólo existen en las películas que no vemos, en esas que pasan en los cinemas en los que no entramos, por perder el tiempo, por recuperarlo, tardes eternas paseando bajo las nubes plomizas, ¿cómo algo tan liviano puede parecer tan pesado? Como el plomo, lleno de metáforas ¿te lo dije alguna vez, verdad? Me lleno de vos de nuevo, ¿de voz?, cuando aspiro, inspiro, me inspiro, respiro, como la primera vez que siempre vivo como si fuera la última, y cada vez es la primera vez y la última ¿Por qué soy tan cobarde? Y me repito, como las canciones que nunca canto, y los libros que nunca leo, y las películas que nunca veo, y me invento para vos, como el actor que soy, me convierto en gigante, y vaquero, y payaso, y fantasma, y mago, de esos que desaparecen lluvias y hacen aparecer días soleados (aunque el mago sos vos que iluminás las tardes lluviosas con tu sonrisa), y me convierto en aire… de nuevo… como una nube… que te mira desde lo alto, en silencio, y de personaje en personaje me convierto en ese que más te gusta, en ese que no está en ningún cuento, ese que no es como yo, y ese personaje es el que te deja este rastro de puntos suspensivos para que lo encuentres  a veces muchas veces, a veces casi siempre… un rastro de puntos suspensivos en una historia que parece ser otra historia y siempre termina siendo la misma historia… 

domingo, 31 de julio de 2016

Otra vez...

Y me quedé sin motivos para escribirte, ni siquiera para decirte adiós, como tantas veces lo hice, y sin embargo me quedó mordiendo los labios para no hacerlo… otra vez.
Sin motivos para escribirte te imagino en tu ciudad fría y altiplana, sin mí cerca para seguirte con la mirada, para seguir tus silencios y tus palabras… otra vez.
Sin motivos para escribirte me quedo en mi esquina, frente a espacio vacío que dejaste en mi vida, eso de espiar la vida de los otros, lo que pasa por mi ventana cuando el día está fresco… otra vez.
Sin motivo para escribirte invento palabras para describirte, palofante, estrebico, impausible, estrancho, desiosque, soleñia, palabras que no dicen nada… otra vez.
Sin motivo para escribirte te escribo, sin intención de que estas líneas te lleguen, sin llegarte, y sean leídas como sin querer, palabras lanzadas al aire… otra vez.
Sin motivos para escribirte termino esculcando en mi memoria las cartas imposibles, esas que terminaron sin ser leídas, para que creyeras que no te escribo… otra vez.

Sin motivos para escribirte te escribo hoy… otra vez. 

lunes, 27 de junio de 2016

Hoy...



Enterraré las cenizas de mis sueños pasados, esos sueños que se consumieron lentamente bajo el sol de mi ciudad de las montañas…
Escribiré cuentos sin sentido, sólo por escribirlos, que comiencen como comenzaban antes “Había una vez…”, y que sin quererlo no terminen “y vivieron felices por siempre”…
Caminaré con los pasos sin rumbo, ya sin una meta, sólo caminar para no llegar, tal vez…
Cantaré con mi voz desafinada, una canción a la vez, podrían ser canciones tristes, de esas que suelen ponerse en los funerales…
Comeré un helado tras otro, tal vez una torta de chocolate y una zanahoria, sólo porque puedo hacerlo…
Bailaré bajo la lluvia, sin seguir el ritmo de las gotas, sólo por el placer de bailar, y saltando los charcos hasta cansarme…
Dormiré en mi cama de algodón, atravesado en todo lo ancho, dejando que las horas pasen perdido entre las cobijas…
Y ya sin nada más que hacer, volveré a tu recuerdo, ese donde estás dormido, despeinado y sonriente… y sin que te des cuenta, te daré el abrazo que no te di en ese momento y no te dejaré ir esta vez…