miércoles, 28 de febrero de 2018

Apareces...

Apareces entre los nombres no dichos, como bordeando las comisuras de los labios, y entre las respiraciones apacibles de las tardes lluviosas (que insistencia de aparecer la lluvia cuando hablo de vos), y en ese vaho que aparece en los cristales escribo rápido tu nombre para verlo desaparecer con el dorso de mi mano.
Entonces pongo en movimiento mis animales de papel, únicas mascotas que habitan mi casa, e insisten en quedarse quietos cuando no los miro, y entre ellos la pequeña melliza que se quedó conmigo cuando nuestra separación ocurrió (¿puede separarse algo que nunca estuvo unido?) y triste mira por la ventana hacia la pared desnuda, blanca e inmóvil, que insiste en permanecer como una guardiana silenciosa para ocultar de mi vista los jardines del vecino.
Siempre ocurre que me invade la tarde, con sus visos pesados y somnolientos, único refugio del tedio de los días, ¿y si me escapara hacia tu mundo? ¿y si ocurriera la última mirada de los amaneceres? ¿y si la película no terminara con la palabra FIN? Ocurre entonces que los personajes de mis libros se hablan entre ellos, hablan de mi tristeza infinita y de esta necesidad de no verte, de no hablarte, de no saber de vos, necesidad que me llena cuando el insomnio se cruza en mis ojos, entonces inventan historias que me cuentan cuando los leo de nuevo, y no los reconozco cuando se detienen y me miran, y sólo leo una y otra vez la historia de tus ojos que miran siempre un paisaje que no habito, eterno dilema de no vivir ambos en el mismo mundo.

sábado, 30 de diciembre de 2017

Te imagino...

Te imagino solo, abandonado y triste, como un pecesito en una pecera frente al mar, alma solitaria en un mundo tan azul, pequeña metáfora de la ausencia, inútil esfuerzo por no desaparecer de un sórdido refugio hecho de papel, así como ramas astilladas de un árbol que nunca creció, ¡Oh, mi pequeño ángel! como una gárgola en una iglesia gótica, tan cerquita del cielo, casi estirando los dedos tocar las nubes, y empinarse corriendo el riesgo de caer y sin esperanza de volar, ángel de piedra con alas inútiles... Te imagino sombra, arena y viento, que estás en todas partes, ser ubicuo como mi pensamiento, ¿cómo puede mi pensamiento estar en todas partes que finalmente terminan siendo tú? Que sos mi universo, mi refugio, mi tristeza... Te imagino ciego y mudo, como esos muñecos en los aparadores de la ciudad, inútil metáfora de la infancia, así de ridícula e innecesaria, si la infancia es una metáfora en sí misma, como esas luces navideñas que pretenden ser alegres y sólo nos llenan de nostalgias... Te imagino ausencia, eso que está y no existe, como los cuerpos sin sombras, como una ventana hacia un muro, así de vano e innecesario, siendo sin ser, soy porque existís, porque sos mi pensamiento, mi aliento y mi luz, como la vida en la punta de los dedos, intentando escapar de mi realidad que no sos vos, que es esta realidad que se escribe en las líneas torcidas de la palma de mi mano izquierda, y que aún sigue siendo percibida por mis ojos cuando los cierro, por mis manos cuando te toco en las páginas de los libros que nunca leerás porque no existís más allá de esta cabeza que descansa sobre mis hombros... Te imagino imaginándome a mí, este solitario hombre que soy yo, mirando una pecera donde un pecesito triste mira a través de la ventana el mar que se extiende al otro lado de la carretera....

martes, 31 de octubre de 2017

Disfraces



Me visto de pájaro para verte desde ese cable de luz que atraviesa frente a tu ventana, viéndote despertar cada mañana para irte al trabajo… me visto de árbol, ese donde te tiras a descansar de la fatiga diaria, y te cubro con mi sombra, y te toco el rostro con mis ramas cuando estás distraído… me visto de nube y te veo caminar por los andenes, por los parques y las calles de esta ciudad enorme que es tu ciudad… me visto de lluvia para cubrirte de besos minúsculos de gotas transparentes, y te dejo llegar a casa corriendo, como si huyeras de mis labios fríos… me visto de atardecer para mirar tu rostro de nostalgia, de “saudade”, a través de las rendijas de las cortinas de tu cuarto… me visto de luna para señalarte los lugares por los que no caminas porque te da susto, aunque estando conmigo lo sientas igual… me visto de sueños, luminosos, algodonosos y sutiles, como esferas escapadas de un collar sin hilo, y me escurro entre tus dedos cuando me visto de arena que intentas meter en ese reloj roto y me visto de niño que te mira asombrado por tu belleza cuando vas en el transporte público y me visto de espejo cuando te miras ojeroso y cansado antes de dormir y me visto de nada… cuando sigues con tu vida sin saber que existo…

viernes, 21 de julio de 2017

Alas malas...

A las malas decidí no volver a verte, a no pensar en vos, ni a buscar tu mirada en las fotos de las selfies… a las malas, como sacando los recuerdos  de la memoria, vos sabes cuales, los de las tardes grises, esas que nos gustaban tanto, también los de las calles largas y sinuosas donde nos contábamos historias, reales o inventadas, y tumbados en la hierba buscábamos animales mitológicos en las nubes, yo siempre encontraba los pequeños, esos roedores que se ocultan tras la cola de los elefantes…  Y te llenaba de sucesos, los míos, los banales que me ocurren todos los días, en mi ciudad sin mar, en mi ciudad de largas tardes soleadas y montañas enormes por recorrer… Y te miraba los lunares, los dedos largos y delgados que me encantaba como enredaban el aire a tu alrededor… Y te oía respirar cuando subías las escaleras, los peldaños que llevaban hasta lo más alto del castillo de nubes que eran esos momentos… a las malas decidí borrarte de mis dedos, ya no recorrer jamás tu geografía, esa geografía tuya llena de abismos, de angulosas cúspides e insondeados océanos, mi tierrita, mi islote, mi continente inexplorado, mi satélite natural, mi selva virgen, mi universo pequeño… a las malas decidí no nombrarte, dejar de inventarte nombres y apellidos, y palabras, y diminutivos, y profesiones locas: relojero, soñador, trepaescaleras, encendedor, contador de historias, domador de elefantes, testigo mudo, silenciador, espanto… a las malas decidí dejar de decir adiós, y hola, y de nuevo adiós y hola y bienvenido y hasta pronto y hasta nunca… a las malas me llené de silencios para no decirte lo mucho que te extraño mi vidita, mi enano, mi árbol, mi sombra, mi espantapájaros, mi solecito, mi único… mi pequeño tesoro… mi ausencia… mi vos… 

domingo, 23 de abril de 2017

Y me encanta...

Y me encanta cuando me descubres mirándote, y me sonríes con todos los dientes, y te brillan los ojos enormes que tienes… y me encanta cuando me saludas con un abrazo, y te doy un beso en la mejilla, esa mejilla con barba que tienes… y me encanta saber que existes, que estás ocupando un lugar en el mundo, en mi mundo… y me encanta encontrarte de casualidad en las esquinas, en las calles y en mi vieja casa, recorriendo los cuartos dejando tu aroma… y me encanta que me hagas caras, esos gestos minúsculos que tienes, y que yo intento leer cuando te miro… y me encanta saber que amas a alguien, aunque ese alguien no sea yo… y me encanta, aunque no lo creas, saber que nunca, aunque yo lo quiera, seré ese alguien… triste destino de mi ser masoquista…

martes, 31 de enero de 2017

No te puedo ver

No te puedo ver, y aun cerrando los ojos te veo, luminoso y transparente como las medusas, tal vez eso eres, una enorme medusa que flota en el aire, y como las medusas tocarte es imposible, porque te escurres entre los dedos sin apenas rozarte… No te puedo ver, y aún entre las caras de desconocidos te veo, formándote con los fragmentos de esos seres anónimos, los ojos de uno, las cejas de otro, la nariz y los labios de caras que no son la tuya… No te puedo ver, y en mis sueños te confundes con las nubes, los campos y las montañas, como los paisajes que recorro para perderme sin perderme en mi ciudad, por caminos pedregosos que no me llevan a ninguna parte y sin embargo me llevan siempre de regreso… No te puedo ver, y en la oscuridad se forman sombras que me recuerdan la tuya, sombras salidas de películas expresionistas, de esas donde las sombras se alargan en perspectivas imposibles, como reflejos de realidades que no existen… No te puedo ver, porque cuando te veo revivo una y otra vez los adioses que nunca te digo, porque verte es comenzar de nuevo, como la serpiente que se muerde la cola… como los sueños donde abres una puerta que te lleva al mismo cuarto, para comenzar de nuevo, una y otra vez, como estas cartas que siempre son la misma carta… No te puedo ver, y sin embargo con mi imaginación te reconstruyo, y recorro con mis ojos tu geografía abrupta y seca, a veces acuosa y húmeda, como los paisajes de los reinos perdidos de los libros de aventuras, te recorro con mis ojos, como un niño en una pastelería, llena de dulces y golosinas, como una gran golosina te conviertes en un ser inabarcable con la mirada y recurro al recuerdo, donde te armo como un rompecabezas de mil piezas, y aunque lo intento no termino de armarte porque las piezas se confunden de nuevo… No te puedo ver y cuando por fin te veo, todo mi cuerpo se convierte en ojos que quieren apresar en sus retinas cada parte de ti, como un paisaje infinito de bosques, de mares de colores, como mi desierto privado de sueños rotos… No te puedo ver, y sin embargo te veo...

lunes, 31 de octubre de 2016

Puntos suspensivos

Palabras al aire de nuevo, llenando vacíos que llena el aire, aire que nos llena como inmateriales y poderosas medusas, esos seres transparentes que nadan impulsando sus tentáculos casi invisibles, como yo cuando te veo, casi invisible y etéreo, como las finas alas de las mariposas, que se tocan y se deshacen en tus dedos, dedos largos y sinuosos, longevos e infantiles, casi mecánicos, como torpes extensiones de metal, de esos robots que sólo existen en las películas que no vemos, en esas que pasan en los cinemas en los que no entramos, por perder el tiempo, por recuperarlo, tardes eternas paseando bajo las nubes plomizas, ¿cómo algo tan liviano puede parecer tan pesado? Como el plomo, lleno de metáforas ¿te lo dije alguna vez, verdad? Me lleno de vos de nuevo, ¿de voz?, cuando aspiro, inspiro, me inspiro, respiro, como la primera vez que siempre vivo como si fuera la última, y cada vez es la primera vez y la última ¿Por qué soy tan cobarde? Y me repito, como las canciones que nunca canto, y los libros que nunca leo, y las películas que nunca veo, y me invento para vos, como el actor que soy, me convierto en gigante, y vaquero, y payaso, y fantasma, y mago, de esos que desaparecen lluvias y hacen aparecer días soleados (aunque el mago sos vos que iluminás las tardes lluviosas con tu sonrisa), y me convierto en aire… de nuevo… como una nube… que te mira desde lo alto, en silencio, y de personaje en personaje me convierto en ese que más te gusta, en ese que no está en ningún cuento, ese que no es como yo, y ese personaje es el que te deja este rastro de puntos suspensivos para que lo encuentres  a veces muchas veces, a veces casi siempre… un rastro de puntos suspensivos en una historia que parece ser otra historia y siempre termina siendo la misma historia… 

domingo, 31 de julio de 2016

Otra vez...

Y me quedé sin motivos para escribirte, ni siquiera para decirte adiós, como tantas veces lo hice, y sin embargo me quedó mordiendo los labios para no hacerlo… otra vez.
Sin motivos para escribirte te imagino en tu ciudad fría y altiplana, sin mí cerca para seguirte con la mirada, para seguir tus silencios y tus palabras… otra vez.
Sin motivos para escribirte me quedo en mi esquina, frente a espacio vacío que dejaste en mi vida, eso de espiar la vida de los otros, lo que pasa por mi ventana cuando el día está fresco… otra vez.
Sin motivo para escribirte invento palabras para describirte, palofante, estrebico, impausible, estrancho, desiosque, soleñia, palabras que no dicen nada… otra vez.
Sin motivo para escribirte te escribo, sin intención de que estas líneas te lleguen, sin llegarte, y sean leídas como sin querer, palabras lanzadas al aire… otra vez.
Sin motivos para escribirte termino esculcando en mi memoria las cartas imposibles, esas que terminaron sin ser leídas, para que creyeras que no te escribo… otra vez.

Sin motivos para escribirte te escribo hoy… otra vez. 

lunes, 27 de junio de 2016

Hoy...



Enterraré las cenizas de mis sueños pasados, esos sueños que se consumieron lentamente bajo el sol de mi ciudad de las montañas…
Escribiré cuentos sin sentido, sólo por escribirlos, que comiencen como comenzaban antes “Había una vez…”, y que sin quererlo no terminen “y vivieron felices por siempre”…
Caminaré con los pasos sin rumbo, ya sin una meta, sólo caminar para no llegar, tal vez…
Cantaré con mi voz desafinada, una canción a la vez, podrían ser canciones tristes, de esas que suelen ponerse en los funerales…
Comeré un helado tras otro, tal vez una torta de chocolate y una zanahoria, sólo porque puedo hacerlo…
Bailaré bajo la lluvia, sin seguir el ritmo de las gotas, sólo por el placer de bailar, y saltando los charcos hasta cansarme…
Dormiré en mi cama de algodón, atravesado en todo lo ancho, dejando que las horas pasen perdido entre las cobijas…
Y ya sin nada más que hacer, volveré a tu recuerdo, ese donde estás dormido, despeinado y sonriente… y sin que te des cuenta, te daré el abrazo que no te di en ese momento y no te dejaré ir esta vez…

sábado, 30 de abril de 2016

Te digo adiós otra vez...

Y te digo adiós una y mil veces, incluso cuando no te lo digo, incluso cuando te ignoro y te persigo en sueños, te digo adiós cuando no estás, cuando te vas, te digo adiós todos los días, atravesados en nuevamente saludos sin escuchar respuestas, te digo adiós hoy y siempre, sobre todo hoy cuando no tenía una razón para escribir, sólo decirte adiós, te digo adiós cuando el sol sale y me toca abandonar mis sueños donde siempre te encuentro, y te digo adiós cuando la noche llega y con ella la inconsciencia que me atrapa al dormir, te digo adiós como una palabra sin sentido, que de tanto repetirla no significa nada, te digo adiós, como siempre y como nunca, te digo adiós sólo para darme la vuelta y encontrarte de nuevo y saber que aunque diga adiós nunca me he ido, te digo adiós esperando que el mundo se parase y no tuviera que despedirme de nuevo, nunca más… te digo adiós, adiós…