jueves, 25 de septiembre de 2014

Otro de Jaime Sabines

Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo,
me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?

JAIME SABINES 

domingo, 31 de agosto de 2014

Fernando Delgadillo - Hoy ten miedo de mí.


video
Hoy que llevo en la boca el sabor a vencido
procura tener a la mano un amigo que cuide tu frente y tu voz
Y que cuide de ti, y para ti tus vestidos
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano tu amigo

La importancia de verte morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios
esos labios rojos y afilados
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estas contenta
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.

Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada, porque no vaya a ser yo el viento de la noche
y te mire y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...

O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí

porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo
tiembla mucho de miedo mujer
porque no puede ser...              

jueves, 31 de julio de 2014

Y te ví...


http://www.fernandopineda.com/uploads/images/Lloviendo_2.jpgY te encontré de nuevo, y sin pensarlo mucho, de hecho no lo pensé, te saludé, y me encontré de nuevo esos ojos tristes. Hasta ahora me di cuenta que siempre fueron así, aún en los minutos eternos que pasamos juntos, no los suficientes para conocerte del todo y saber la razón de tu eterna tristeza. Y sentir tu mano fría, no realmente fría, más bien una mano indiferente y somnolienta, si es que una mano puede parecer somnolienta, al tacto cuando te la estreché en un saludo de caballeros, no abrazos como los que me gusta dar a las personas que quiero cuando me cruzo en sus vida inopinadamente, y los doy con premeditación y alevosía. Y me alejé, consciente en ese momento de mi espontaneidad sumisa, siempre me subyugo a mi espontaneidad, y te di la espalda, sintiendo el calor en mis mejillas, porque mofletudos cachetes no tengo, o a esta piel tirante que tengo sobre la calavera que sostiene mi cerebro, pedazo de masa gris que no ha podido superar su condición de encierro. Y afanoso fingí prisa y ocupación acelerada, para que no sintieras lo que me afectaba verte, saludando afanoso a quien se cruzaba en mi diligencia. Y te acercaste a despedirte, y pregunté trivialidades de tu vida, que realmente no me interesaba, y darme cuenta que tantos detalles de tu vida los había olvidado, pasado por alto o ignorado, lanzados como un costal de piedra en mi frágil memoria. Y no te dije ni una palabra de mi vida, y tampoco lo preguntaste, será que no parecía necesario preguntar, y eso estuvo bien, no fingir la hipocresía que puede rondar mis actos cotidianos.


Y te dije hasta luego, con las mínimas ganas de volver a verte, y dándome cuenta la triste realidad de mi vida pasada, esas ganas enormes de llenar mi vida con alguien que nunca lo mereció… y de los recuerdos de ese tiempo sólo me queda un triste abrigo colgado en mi armario, como otro  solitario cadáver de mis relaciones pasadas…

domingo, 29 de junio de 2014

Hoy me niego.



Hoy me niego a perder los segundos, esos animales voraces que consumen la vida de las cosas simples…
Hoy me niego a perder la sonrisa, humilde sombra de mi alma, frágil encomio que trasforma mi rostro en el espejo…
Hoy me niego a perder el sueño, suspiro instantáneo que ronda mis días, cuando me revuelvo en las sábanas nocturnas…
Hoy me niego a perder la magia del paisaje a través de mi ventana, la de los amaneceres y atardeceres, la de los paseos de transeúntes anónimos que vagan sin dirección…
Hoy me niego a perder la bestialidad, ese animal silencioso que se esconde dentro de alguna parte en mi interior…
Hoy me niego a perder las dudas, hormigas que crean su propio refugio en mi mente, y que de vez en cuando generan el caos y el desorden…
Hoy me niego a perder la timidez, la abulia y el sarcasmo, jinetes que cabalgan en tortugas muertas, pretendiendo a llegar a alguna parte, igual que yo…
Hoy me niego a perder la dignidad, el orgullo y la sensatez, pájaros inconformes que pelean entre sí por recibir mis caricias…
Hoy me niego a perderte a ti, que te me escondes y presentas en cada forma imprevisible, insensata y absurda… Hoy me niego a perderte a ti, mi amada vida…

viernes, 30 de mayo de 2014

Hoy te haré llorar…



Me levantaré sin que me escuches, y con pasos ligeros, huiré de casa. Me ocultaré en la casa vecina, la que está llena de pájaros azules y peces dorados, y desde allí te espiaré cuando despiertes. Te veré recorrer con tu mirada la habitación, extrañando mi presencia. Y con mis manos regordetas me cubriré la boca para que no escuches mi risa. Y cuando al fin te levantes, y al poner los pies en el piso sientas la suave alfombre de algodón, ese algodón del relleno del viejo oso de peluche que nunca quisiste, me regocijaré en mi escondite cuando al levantar la mirada veas la sala llena de mi juguetes de papel, eso que me paso horas enteras armando, y que nunca logro que se muevan solos. Y el saludo de esos animales, los de papel, y los de plastilina, y los escondidos en los dibujos de las paredes, y los de los vasos y las tazas, y los de los libros y libretas, que como un coro te saludarán al unísono, grotesca orquesta de maullidos, rugidos, balidos y mugidos. Y la caja de música, esa que te pone autista cuando la escuchas, la encontrarás sin cuerda ya de tanto sonar. Y la tetera silbando en el fogón, te alertará de los acontecimientos en la cocina, los collares de pastas italianas colgando, como ramas de un exótico árbol de tallarines, caracoles y espaguetis, te abrazarán a tu paso, enredando tu cabello, como cuando intento hacerte dormir en las noches. Y en el baño, la enorme bañera, lista para tu baño de domingo, con espuma, barcos de papel y misteriosos monstruos marinos ocultos bajo la superficie. Y el rastro de mis pies descalzos en la arena de la orilla de tu vida... Las huellas de mis dedos, las manchas del chocolate y el vino, y el reguero de ropa que dejamos tirada por el piso… Y no dudarás un momento que estuve allí, acompañándote como siempre, sobre todo hoy, el último día que estaremos juntos, hoy, en este momento que aún duermes y no sabes que hoy te haré llorar, con esta tonta carta de despedida.