A la espera de encontrarte he corrido a tu esquina,
la esquina en que suelo encontrar tus ojos tristes
cuando llego volando hasta tu mundo.
Y en el camino pienso las palabras que voy a decirte
contarte mis aventuras secretas.
mis deseos ocultos y mis perversiones nocturnas.
Contarte los tristes días en mi soleado mundo,
ese que queda de la estrella más alta a la derecha,
ese mundo que no oculta nada de tu mirada silenciosa.
Y calculo las palabras, los silencios y las pausas,
calculo las sílabas, las frases y las rimas,
calculo los acentos, las preguntas y las respuestas.
Y al fin llego y con sólo verte allí,
lánguido y triste, taciturno como los ángeles,
olvido lo que iba a decirte y sólo me quedo callado a tu lado.
sábado, 28 de febrero de 2015
viernes, 30 de enero de 2015
Niño lobo
Con
la suave brisa de las noches llegaré a tus puertas, como el niño lobo que soy.
Siguiendo el suave rastro de tu sudor en el aire, con mi fina nariz de niño
lobo. Después de buscarte por los bosques y ciudades he encontrado tus pistas, ocultas
en las nubes y en las fases de la luna, como frágiles huellas de tu risa,
escuchando tu voz con mis finas orejas de niño lobo. Entraré a tu cuarto
silenciosamente y me acercaré a tu cama sigilosamente, con mis fuertes patas de
niño lobo. Y a través de las cortinas de tu cama, finas gasas que te protegen
del mundo, te veré dormido, con mis penetrantes ojos de niño lobo. Sin que
despiertes, lameré tus heridas de cada de día, heridas de las batallas
cotidianas, te lameré completo con mi larga lengua de niño lobo. Calmare tus malos sueños, tus pesadillas y desvarios, con mis suaves gruñidos de niño lobo. Y esperaré la
madrugada, cuidando tu sueño, contemplando tus gestos graciosos, tu sopor
nocturno, tus pesadillas, y al despuntar el alba, me quedaré dormido, como
siempre, como el personaje de los libros que siempre lees, como el niño lobo
que soy.
martes, 30 de diciembre de 2014
Cuando muera...
Cuando muera, y
ruego esté lejano ese día, extrañaré estar vivo como siempre…
Cuando muera
extrañaré tantas cosas…
La maravilla de
estos pies que me llevaban por las calles largas de las ciudades, de los campos
y los caminos…
El sonido del
viento en mi ventana, aullante lobo que cuidaba mis días…
El tacto de las
paredes cuando mis dedos las rozaban…
Extrañaré olvidar
recuerdos, inventar historias y contar sueños...
Extrañaré espiar
el interior de las casas cuando pasaba por las calles, y los tristes que son
las casas vacías...
Extrañaré los
pequeños ruidos cotidianos, el correr del agua, el sonido de la lluvia en los
tejados, los pasos sobre las hojas secas…
La sensación del
agua en mi cuerpo...
Extrañaré llorar, y reír, y suspirar…
Extrañaré los
ladridos de los perros, la risa de los niños, y la música, o sí que extrañaré
la música, esa casualidad misteriosa del ritmo en el aire…
Extrañaré la
redondez imposible de la luna…
Extrañaré los
atardeceres, y lo triste que son cuando no tienes ningún lugar a donde ir…
Extrañaré pronunciar
palabras, no las rimbombantes y rebuscadas, sino las otras las sencillas, las
que no significan nada…
Extrañaré el olor
del café, del polvo, de la hierba, del sudor, de la tierra cuando llueve, y del
campo…
Extrañaré mirar,
ver y parpadear, observar sin enfocar, simplemente cerrar los ojos y saber que
la realidad está al otro lado…
Extrañaré
sentarme en mi cama al despertar y saber que todo está bien, sentir que todo
siempre estará bien…
Extrañaré conjugar
verbos, en mi persona favorita: nosotros…
Extrañaré la
mirada inocente de los niños, y la mirada complaciente de los ancianos…
Extrañare respirar,
escuchar los sonidos de mi corazón, y como se siente este cuerpo mío…
Extrañare el
bullicio, el silencio y la calma…
Extrañaré extrañar, sentir, pensar...
Extrañaré no
estar, o estar, o esta eterna indecisión que siempre me acompaña…
Extrañare los abrazos, las miradas y los guiños y los besos...
Extrañaré mi lugar,
mi refugio y mi escondrijo…
Extrañaré tantas
cosas…
La tristeza…
La melancolía…
La nostalgia…
La saudade…
Las lágrimas…
Mis cicatrices…
Mis miedos…
Mis esperanzas
Mis olvidos…
Y mis sueños…
Y dejaré de
extrañar las cosas en algún momento, tal vez, y al fin sabré que estoy en casa…
lunes, 17 de noviembre de 2014
Metáforas
Hoy me
llené de metáforas para describirte. Por ejemplo tus cabellos como hilos de
araña que se enredan en mis dedos. Tus brazos largos y huesudos como largos
ramas de árboles secos. Tus ojos como pequeños luceros brillando en los hondos
agujeros negros de tu cara. Tu nariz extensión infinita del aire que huye
insensible de tu cuerpo. Ese cuerpo, carcasa que lleva tu alma por el mundo. Y
tu boca, caverna silenciosa, refugio de besos, sonrisas y palabras. Y tu
cuello, dulce tentación de vampiros manieristas. De esos que se relamen de
gusto cuando te ven pasar silencioso y triste como ellos mismos. Y tu pecho, mi
rincón favorito de tu geografía, como el interior de la ballena del noble
Gepeto o del santo Jonás que me sirve de refugio en las tardes frías, y ese sitio más abajo entre tus piernas, inexplorado y
desconocido para mí, no sé si selva o desierto, explotado o virgen, lleno de
misterio, jardín de las delicias o país de las maravillas. Y tus piernas
infinitas que terminan en dos barcas inmensas para recorrer mi casa, este mundo
lleno de vos, mi conde sangriento, mi impronunciable, mi nunca jamás, mi
caballero de la triste figura, mi no-se-cuánto y no-sé-como, mi último de la
fila, mi madame Bovari, mi fotógrafo privado, mi pequeño secreto y mi tesoro...
Mi alegría infinita que me haces llenarme de metáforas para hablar de vos, mi
canica, mi constelación, mi orbe, mi escoba y mi cama, mi sujeto y predicado,
mi último... Vos... Mi único.
jueves, 25 de septiembre de 2014
Otro de Jaime Sabines
Te quiero a las diez de la mañana, y a las once, y a las doce
del día. Te quiero con toda mi alma y con todo mi cuerpo, a veces, en las tardes
de lluvia. Pero a las dos de la tarde, o a las tres, cuando me pongo a pensar en
nosotros dos, y tú piensas en la comida o en el trabajo diario, o en las diversiones
que no tienes, me pongo a odiarte sordamente, con la mitad del odio que guardo
para mí.
Luego vuelvo a quererte, cuando nos acostamos y siento que estás
hecha para mí, que de algún modo me lo dicen tu rodilla y tu vientre, que mis manos
me convencen de ello, y que no hay otro lugar en donde yo me venga, a donde yo
vaya, mejor que tu cuerpo. Tú vienes toda entera a mi encuentro, y los dos desaparecemos
un instante, nos metemos en la boca de Dios, hasta que yo te digo que tengo hambre
o sueño.
Todos los días te quiero y te odio irremediablemente. Y hay días
también, hay horas, en que no te conozco, en que me eres ajena como la mujer de
otro. Me preocupan los hombres, me preocupo yo,
me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
me distraen mis penas. Es probable que no piense en ti durante mucho tiempo. Ya ves. ¿Quién podría quererte menos que yo, amor mío?
JAIME SABINES
domingo, 31 de agosto de 2014
Fernando Delgadillo - Hoy ten miedo de mí.
procura tener a la mano un amigo que cuide tu frente y tu voz
Y que cuide de ti, y para ti tus vestidos
y a tus pensamientos mantenlos atentos y a mano tu amigo
La importancia de verte morderte los labios de preocupación
es hoy tan necesaria como verte siempre
como andar siguiéndote con la cabeza en la imaginación
Porque sabes, y si no lo sabes, no importa,
yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan después unos labios
esos labios rojos y afilados
y estos puños que tiemblan de rabia cuando estas contenta
Que tiemblan de muerte si alguien se te acercara a ti.
Hoy procura que aquella ventana que mira a la calle en tu cuarto
se tenga cerrada, porque no vaya a ser yo el viento de la noche
y te mire y recorra la piel con mi aliento
y hasta te acaricie y te deje dormir
y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
y respires de mí...
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
y todo por no hacerme un poco de caso
ten miedo de mayo
y ten miedo de mí
porque no vaya a ser que cansado de verte
me meta en tus brazos para poseerte y te arranque las ropas
y te bese los pies
y te llame mi diosa
y no pueda mirarte de frente
y te diga llorando después:
por favor tenme miedo
tiembla mucho de miedo mujer
porque no puede ser...
jueves, 31 de julio de 2014
Y te ví...
Y te encontré de
nuevo, y sin pensarlo mucho, de hecho no lo pensé, te saludé, y me encontré de nuevo
esos ojos tristes. Hasta ahora me di cuenta que siempre fueron así, aún en los
minutos eternos que pasamos juntos, no los suficientes para conocerte del todo
y saber la razón de tu eterna tristeza. Y sentir tu mano fría, no realmente
fría, más bien una mano indiferente y somnolienta, si es que una mano puede
parecer somnolienta, al tacto cuando te la estreché en un saludo de caballeros,
no abrazos como los que me gusta dar a las personas que quiero cuando me cruzo
en sus vida inopinadamente, y los doy con premeditación y alevosía. Y me alejé,
consciente en ese momento de mi espontaneidad sumisa, siempre me subyugo a mi
espontaneidad, y te di la espalda, sintiendo el calor en mis mejillas, porque mofletudos
cachetes no tengo, o a esta piel tirante que tengo sobre la calavera que
sostiene mi cerebro, pedazo de masa gris que no ha podido superar su condición
de encierro. Y afanoso fingí prisa y ocupación acelerada, para que no sintieras
lo que me afectaba verte, saludando afanoso a quien se cruzaba en mi
diligencia. Y te acercaste a despedirte, y pregunté trivialidades de tu vida,
que realmente no me interesaba, y darme cuenta que tantos detalles de tu vida
los había olvidado, pasado por alto o ignorado, lanzados como un costal de
piedra en mi frágil memoria. Y no te dije ni una palabra de mi vida, y tampoco
lo preguntaste, será que no parecía necesario preguntar, y eso estuvo bien, no
fingir la hipocresía que puede rondar mis actos cotidianos.
Y te dije hasta
luego, con las mínimas ganas de volver a verte, y dándome cuenta la triste
realidad de mi vida pasada, esas ganas enormes de llenar mi vida con alguien
que nunca lo mereció… y de los recuerdos de ese tiempo sólo me queda un triste
abrigo colgado en mi armario, como otro solitario cadáver de mis relaciones pasadas…
domingo, 29 de junio de 2014
Hoy me niego.
Hoy me niego a
perder los segundos, esos animales voraces que consumen la vida de las cosas
simples…
Hoy me niego a
perder la sonrisa, humilde sombra de mi alma, frágil encomio que trasforma mi
rostro en el espejo…
Hoy me niego a
perder el sueño, suspiro instantáneo que ronda mis días, cuando me revuelvo en
las sábanas nocturnas…
Hoy me niego a
perder la magia del paisaje a través de mi ventana, la de los amaneceres y
atardeceres, la de los paseos de transeúntes anónimos que vagan sin dirección…
Hoy me niego a
perder la bestialidad, ese animal silencioso que se esconde dentro de alguna
parte en mi interior…
Hoy me niego a
perder las dudas, hormigas que crean su propio refugio en mi mente, y que de
vez en cuando generan el caos y el desorden…
Hoy me niego a
perder la timidez, la abulia y el sarcasmo, jinetes que cabalgan en tortugas
muertas, pretendiendo a llegar a alguna parte, igual que yo…
Hoy me niego a
perder la dignidad, el orgullo y la sensatez, pájaros inconformes que pelean
entre sí por recibir mis caricias…
Hoy me niego a perderte a ti, que te me escondes y
presentas en cada forma imprevisible, insensata y absurda… Hoy me niego a
perderte a ti, mi amada vida…
viernes, 30 de mayo de 2014
Hoy te haré llorar…
Me levantaré sin
que me escuches, y con pasos ligeros, huiré de casa. Me ocultaré en la casa
vecina, la que está llena de pájaros azules y peces dorados, y desde allí te
espiaré cuando despiertes. Te veré recorrer con tu mirada la habitación,
extrañando mi presencia. Y con mis manos regordetas me cubriré la boca para que
no escuches mi risa. Y cuando al fin te levantes, y al poner los pies en el
piso sientas la suave alfombre de algodón, ese algodón del relleno del viejo oso
de peluche que nunca quisiste, me regocijaré en mi escondite cuando al levantar
la mirada veas la sala llena de mi juguetes de papel, eso que me paso horas
enteras armando, y que nunca logro que se muevan solos. Y el saludo de esos
animales, los de papel, y los de plastilina, y los escondidos en los dibujos de
las paredes, y los de los vasos y las tazas, y los de los libros y libretas,
que como un coro te saludarán al unísono, grotesca orquesta de maullidos,
rugidos, balidos y mugidos. Y la caja de música, esa que te pone autista cuando
la escuchas, la encontrarás sin cuerda ya de tanto sonar. Y la tetera silbando
en el fogón, te alertará de los acontecimientos en la cocina, los collares de
pastas italianas colgando, como ramas de un exótico árbol de tallarines,
caracoles y espaguetis, te abrazarán a tu paso, enredando tu cabello, como
cuando intento hacerte dormir en las noches. Y en el baño, la enorme bañera,
lista para tu baño de domingo, con espuma, barcos de papel y misteriosos
monstruos marinos ocultos bajo la superficie. Y el rastro de mis pies descalzos
en la arena de la orilla de tu vida... Las huellas de mis dedos, las manchas
del chocolate y el vino, y el reguero de ropa que dejamos tirada por el piso… Y
no dudarás un momento que estuve allí, acompañándote como siempre, sobre todo
hoy, el último día que estaremos juntos, hoy, en este momento que aún duermes y
no sabes que hoy te haré llorar, con esta tonta carta de despedida.
lunes, 28 de abril de 2014
Hoy te escribo...
Hoy te escribo,
en cierta forma siempre te he escrito, pero hoy es diferente. Te escribo ya no
en tono de queja, de largo sollozo, de triste y eterna despedida…
Hoy, te escribo,
como tantas veces, tejiendo redes de colores para alcanzarte y enredarte lentamente
en estas palabras, palabras como mariposas, como luciérnagas, como polillas que
golpean en tu ventana para entrar a refugiarse en tu cálido regazo…
Hoy te escribo, como
postal de lejanos lugares, retratando paisajes luminosos, calles con pasos
nacarados, como el camino dorado de Oz, caminos que recorremos para llegar a
ninguna parte, y para que llegar si lo mejor es el recorrido…
Hoy te escribo,
con letras chuecas, que como hormigas laboriosas llevan mis mensajes hasta tus
ojos, o tus orejas, o tus manos, y como hormigas trepan por tus largos brazos y
te producen cosquillas y te hacen reir…
Hoy te escribo,
como siempre y como nunca, con estas ganas de verte, dormido, despierto,
despeinado y en pijamas, sumergido entre tus cobijas, y sin perder la
costumbre, te hago una mueca, te miro los ojitos y te dejo dormir otro ratito…
Hoy te escribo...
patético,
simpático,
tétrico,
óptico,
trémulo,
intrépido,
somnífero,
típico,
hipotético,
metafórico,
ridículo,
auténtico,
simbólico,
sonámbulo,
mágico,
escénico,
mágico,
escénico,
retórico y
sintético…
Hoy te escribo… y
me muerdo la boca, con las ganas enormes que siempre tengo de besarte, y esa
promesa de hacerlo algún día, y no quedar satisfechos…
Hoy te escribo, y
como siempre no te digo nada, será esta tonta costumbre de esconderme detrás de
las palabras, letras que forman tu nombre sin querer en mi teclado…
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







